El regreso

Lo que deleita y posee tu interior lenta, suavemente es la exuberancia del paisaje que te envuelve en un dulce y apacible abrazo de acogida: bienvenida, llegaste, soy la que amas y te ama. La que abandonaste hace muchos años, demasiados, no quiero recordar aquel instante perpetuo que a las dos, a ti y a mí nos laceró para siempre. La sabia, tierra mía -yo soy una parte, ella es un todo- me lo susurró desde sus entrañas: que volverías. Pero qué largo ha sido el desprendimiento, aunque siempre fue un consuelo saber que regresarías a mí. ¿No eres feliz?

Sí, inmensamente, es una forma penetrante y ocurrente de felicidad, quizá la más completa, la que colma mi ser como nunca ni nada antes. ¿Por qué?

Porque aquí radica la dicha fundante de mi identidad, de mi fibra más íntima. Este es el preludio del retorno definitivo a un país, el tuyo, del que te sentiste arrancada hace demasiados años.

La belleza tranquila de aquellos grandiosos árboles, y por todas partes como cantando su pertenencia raigal a esta tierra, las palmas reales movían sus hojas gozosas por la brisa toquetona, las montañas lejanas de la cordillera de un verde más claro, brumoso, también en bellísimo contraste, el verde oscuro, tupido complacían mi imaginación y mi memoria. Más cerca de la carretera por donde iba el carro demasiado rápido, cuando mi deseo era que se detuviera para retener en la pupila y el corazón el paraíso perdido y recobrado ante mis ojos, con mi alma y sentidos al acecho, los arbustos cubiertos de flores silvestres de distintos colores y tamaños en pleno esplendor del verano. Me encandila tanta maravilla y certeza de ser parte de este país. Estoy aquí, soy parte de él, él es parte de mí. Somos uno, siempre lo hemos sido.

La naturaleza no miente, ésta que se mostraba ante mí desnuda, abierta, gozosa frente a mis sentidos que la recorrían y acariciaban con todo el amor, el deseo, el placer, de quien al fin descubre su ser en ella en una total entrega de pertenencias, unión terrenal que saciaba un hondo anhelo espiritual. El regreso.

Te amo isla mía, ya ves, volví. Quizá algún día regrese para nunca más partir.

Este artículo lo escribí en agosto de 2019, la última vez que estuve en Cuba. Espero el día, que siento muy cercano, en que regrese definitivamente. Nunca más abandonaré mi patria amada. Lo haré, si Dios quiere, tan pronto cambie el régimen comunista. Falta muy poco. Lo que me quede de vida la viviré allá y allá moriré.